domingo, 7 de diciembre de 2008

Antia



Circense

una vida insignificante y frágil era lo que ella tenía en las manos,
y aunque pensase que era dios por poder destruirla en ese mísero instante,
aquella subsistencia la ensogaba tanto, que sus neuronas morían
construyendo una necropolis de cadáveres, que algún día habían creído
que podrían ser diferentes, o quizás particulares.
era el olor a sangre coagulada, encallada en su garganta
la que le hacía pensar, que quizás, aunque solo quizás,
aquello fuese, o fuera, su trágica condenación.
escuchaba carcajadas de bufones con nombres ridículos siempre de fondo,
en situaciones en las que pensaba que ella era la dueña de su destino,
mientras se quebraba lentamente entre lágrimas que ocultaban falsos cuentos,
y que preferían brotar hacia dentro, como si tuviesen vergüenza.
eran momentos en los que se hundía en la nada, para pensar en el todo
entre melodías circenses que hacían bailar, una atracción, eternamente giratoria.

Antía 2008

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