Sentado a hombros de gigantes, volando entre las plumas de un halcón, cultivando los rayos del sol o viendo la luna llena en mi balcón… Nunca sentí mayor atracción que hoy, ni siquiera la marea o dos polos opuestos con la fuerza de un reactor son suficientes para compararse a esta sensación. Tus ojos cerrados a dos milímetros de mí, tu pelo de seda deslizándose por tu piel, dos llamas unidas formaban tus labios, una expresión que agarrotaba mi corazón… estaba en tus manos... tú sólo te apartaste y todo se hundió. Como grabada en piedra te quedaste en mí, fría y eterna, sin darme más, sin poder pedirte más… Luego te susurré que te buscaría allí donde estuvieses, pasase el tiempo que pasase; pero tú, jugando a ser una diosa, no te diste cuenta de que realmente eso es lo que eres. Ni hablamos idiomas distintos, ni somos de dos mundos diferentes; tú eres flor cuando yo soy sólo tierra, tú eres agua cuando yo soy sólo el lecho, tú eres… cuando yo aun no soy.
Te escribo porque es lo mejor que sé hacer, porque tus ojos me dicen quien eres, porque mereces más de lo que tienes… pero debes aprender de nuevo que la confianza existe, que la felicidad no es una ilusión sacada de un cuento, que aun hay algo de cierto en esto del amor. Siéntete especial pues eres única… quien no lo sepa que se detenga a mirar.
Para...