
Escúchame,
tengo miedo, miedo de una palabra que cada vez que la oigo algo cambia dentro de mi.
Tengo miedo a sentir otra vez todo lo que sentí y muchas veces quise sentir.
Tengo miedo a perder algo de mi...
Algo de mi que se quedo en algún lugar,
entre palabras nunca dichas por nadie pero que deberían haber sido dichas.
Entre silencios, susurros, besos y caricias que nunca, y créeme nunca sirvieron para nada.
De que me sirvió pensar en algún momento de mi vida que la tendría a mi lado,
si solamente la he querido yo.
Alguien dijo una vez, que el verdadero amor en una pareja solo lo siente uno de los dos,
que el otro solo se limita a creer que quiere y vive en la comodidad de ser querido.
No se como pude caer, el caso es que caí.
Y me sentí como un espíritu libre, capaz de hacer cualquier cosa.
Volar, soñar, reír, sentir...
Me despertó un día,
Me dijo un ¿como estás? tenemos que hablar...
El resto te lo puedes imaginar, me cortaron las alas y deje de volar,
me cerraron la boca y deje de reír, me quitaron lo que yo quería y ya no pude soñar.
Y ahora me quejo,
me quejo como un imbécil, porque al final me pude recomponer.
Ya no vuelo, ni tampoco río pero si sueño, por que a fin de cuentas es lo que nos tiene que quedar.
Y si en algún momento pude ser feliz, se que igual ya no lo vuelvo a conseguir jamás, pero es mejor pensar de otra manera,
pensar que sin decir esa palabra podre aguantar males difíciles, podré aguantar lo que me pase por encima, mientras nadie me diga...amor.
Ahora, ahora es el momento en creer en otras vidas, en pensar en lo que nos proponemos,
en dejar a un lado los problemas de menor grado para así poder seguir con la mirada fija en un horizonte.
Un horizonte lleno de nubes quizás, o igual no, ¿quien sabe?
¿quien me lo podría decir?
¿quien es tan sabio para responder a las dudas de los sentimientos?
Escúchame, yo se quien es ese sabio,
ese sabio que a todos nos pone en su lugar.
Ese sabio que da igual como te llames o quien eres.
Ese sabio, solo se limita a decirnos lo que va a ser de nosotros, pero que nunca nos dirá la respuesta, pues ese sabio nos enseña a auto contestarnos pero nunca nos daremos cuenta de que hemos hallado la solución.
Ese sabio, querido amigo, al que todos debemos de conocer, se llama TIEMPO.
Guille 2008